Viernes de la IV semana de Pascua

Unos minutos con Dios

Empezamos la oración de la mañana en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Lee y medita la Palabra de Dios, si es necesario léala de nuevo, usando tu propia Biblia:

Evangelio según San Juan 14, 1-6
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.

Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”.

Oración, dedica unos minutos a tener un diálogo espontáneo con Cristo, de corazón a Corazón, intercede por tu familia…….

Señor, que al escuchar tu dulce voz en este tiempo de oración encontremos la Paz que solamente Tú nos puedes dar. Que el Espíritu Santo nos guíe en reconocer que solamente por ti podemos llegar al Padre, Tú eres el camino, la verdad y la vida. Amén

Contempla la Palabra de Dios (en silencio deja actuar en ti al Espíritu de Dios). Actúa y conserva la Palabra en tu vida hoy.

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Amén

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén

Para las lecturas del dia, por favor vaya aquí.

Para la Lectura Espiritual

Cristo es la luz de la conciencia

La conciencia es el núcleo más íntimo y secreto del hombre. Es allí donde se refugia con sus facultades espirituales en una soledad absoluta: solo consigo mismo, o más bien, solo con Dios, cuya voz se hace escuchar en la conciencia. Es allí donde uno se determina por el bien o por el mal; es allí que uno escoge el camino de la victoria o el de la derrota. Aunque quisiera, el hombre no lograría deshacerse de ella. Con ella, ya sea que la apruebe o que la condene, recorrerá todo el camino de la vida, y con ella también, testigo verídico e incorruptible, se presentará al juicio de Dios.

La conciencia es entonces un santuario ante cuyo umbral todos deben detenerse; todos, incluso el padre o la madre cuando se trata de un niño. Solo el sacerdote entra como médico de las almas, pero la conciencia no cesa de ser un santuario celosamente vigilado; Dios mismo quiere que el secreto sea preservado bajo el sello del más sagrado de los silencios. ¿En qué sentido podemos hablar de la educación de la conciencia? El divino Salvador ha traído al hombre ignorante y débil su verdad y su gracia: la verdad para indicarle la vía que conduce a la meta; la gracia para otorgarle la fuerza de poder alcanzarla. Cristo es el camino, la verdad y la vida, no solamente para todos los hombres en su conjunto, sino para cada uno individualmente.

Venerable Pío XII

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