Solemnidad de la Santísima Trinidad

Unos minutos con Dios

Empezamos la oración de la mañana: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Lee y medita la Palabra de Dios. Si es necesario, léala de nuevo usando tu propia Biblia:

Evangelio según San Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban.

Entonces Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

Oración: dedica unos minutos a tener un diálogo espontáneo con Cristo de corazón a Corazón; intercede por tu familia…

Señor, perdóname, porque muchas veces me siento vacilante como algunos de tus discípulos, aún temeroso por las vicisitudes de la vida.

Vengo a ti a suplicarte que no apartes tu mirada, tu Gracia, tu Santo Espíritu de mi vida y así lleno de tu amor, ir y anunciar el Reino de Dios y su justicia a todo lugar a donde me envíes, sabiendo y teniendo la certeza en mi corazón que tú estás conmigo.

Contempla la Palabra de Dios (en silencio, deja actuar en ti al Espíritu de Dios). Actúa y conserva la Palabra en tu vida hoy. 

Repite y medita hoy el gesto de la señal de la cruz: «En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo».

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén

Para las lecturas del día, por favor vaya aquí.

Ojalá que todas las veces que nos persignemos y digamos: «En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo», lo hagamos con más atención, nos acordemos de que Dios es Amor y de que nos ama infinitamente; agradezcamos ese amor y vivamos llenos de confianza, de alegría y de felicidad al sabernos sus hijos muy amados. Y, en consecuencia, tratemos de dar a conocer también a los demás este amor de Dios a través de la caridad hacia nuestros prójimos: «Todo el que ama, ha nacido de Dios y conoce a Dios, porque Dios es Amor».

Video de reflexión 

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