Sábado de la VIII semana del Tiempo ordinario

Unos minutos con Dios.

Empezamos la oración de la mañana en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Lee y medita la Palabra de Dios, si es necesario léala de nuevo, usando tu propia Biblia:

Evangelio según de San Marcos 11, 27-33
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron de nuevo a Jerusalén, y mientras Jesús caminaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le preguntaron: “¿Con qué autoridad haces todo esto? ¿Quién te ha dado autoridad para actuar así?”

Jesús les respondió: “Les voy a hacer una pregunta. Si me la contestan yo les diré con qué autoridad hago todo esto. El bautismo de Juan, ¿era cosa de Dios o de los hombres? Contéstenme”.

Ellos se pusieron a razonar entre sí: “Si le decimos que de Dios, nos dirá: ‘Entonces ¿por qué no le creyeron?’, y ¿si le decimos que de los hombres?” Pero, como le tenían miedo a la multitud, pues todos consideraban a Juan como verdadero profeta, le respondieron a Jesús: “No lo sabemos”. Entonces Jesús les replicó: “Pues tampoco yo les diré con qué autoridad hago todo esto”.

Oración, dedica unos minutos a tener un diálogo espontáneo con Cristo, de corazón a Corazón, intercede por tu familia……..

“Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes, aparta de ti tus inquietudes trabajosas.

Dedícate un rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia. Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto a Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle, y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de él. Di, pues, alma mía, di a Dios: «Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro» (Sal 26,8).

Y ahora, Señor, mi Dios, enseña a mi corazón dónde y cómo buscarte, dónde y cómo encontrarte… Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote te amare”(Anselmo de Canterbury, SCE) Amén

Contempla la Palabra de Dios (en silencio deja actuar en ti al Espíritu de Dios). Actúa y conserva la Palabra en tu vida hoy.

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Cantemos la grandeza del Señor.» Amén

Señor, yo creo; quiero creer en ti.
Oh, Señor, que mi fe sea plena.
Oh Señor, deja que mi fe sea libre.
Oh, Señor, que mi fe sea cierta.
Oh Señor, que mi fe sea fuerte.
Oh Señor, que mi fe sea alegre.
Oh Señor, que mi fe sea laboriosa.
Oh Señor, que mi fe sea humilde. Amén

Para las lecturas del dia, por favor vaya aquí.

San Pablo VI

Juan Bautista Montini nació en Concesio, una pequeña ciudad de la zona de Brescia, el 26 de septiembre de 1897 en el seno de una familia católica muy comprometida política y socialmente. En otoño de 1916 entró en el seminario de Brescia y cuatro años más tarde recibió la ordenación sacerdotal en la catedral, y luego se trasladó a Roma para seguir los cursos de filosofía de la Pontificia Universidad Gregoriana y los de la Universidad Estatal, graduándose en derecho canónico en 1922 y en derecho civil en 1924.

En 1923 recibió su primer encargo de la Secretaría de Estado del Vaticano, que lo asignó a la Nunciatura Apostólica de Varsovia; al año siguiente fue nombrado Ayudante de secretaría. En ese período participó estrechamente en las actividades de los universitarios católicos organizadas en la FUCI (Federación universitaria católica italiana), de la que fue asistente eclesiástico nacional de 1925 a 1933. Colaborador cercano del cardenal Eugenio Pacelli, permaneció a su lado aún después de que fue elegido Papa en 1939 y tomó el nombre de Pío XII: fue Montini, de hecho, quien preparó el borrador del extremo pero inútil llamamiento en favor de la paz que el Papa Pacelli lanzó en la radio el 24 de agosto de 1939, en vísperas del conflicto mundial: «¡Nada se pierde con la paz! Todo puede perderse con la guerra!».

De la Iglesia Ambrosiana a la Sede pontificia

En 1954, inesperadamente, Montini se convirtió en arzobispo de Milán. Allí se manifestó el verdadero pastor que estaba en él: una atención especial le dedica a los problemas del mundo del trabajo, de la inmigración y de los suburbios, donde promueve la construcción de más de un centenar de nuevas iglesias y donde se realiza la «Misión de Milán», en busca de los «hermanos alejados». Fue el primero en recibir la púrpura de Juan XXIII, el 15 de diciembre de 1958, y participó en el Concilio Vaticano II, donde apoyó abiertamente la línea reformista. Cuando Roncalli murió, el 21 de junio de 1963, fue elegido Papa y escogió el nombre de Pablo, con una clara referencia al apóstol evangelizador.

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