Memoria de Bernardo, Abad y Doctor de la Iglesia

Unos minutos con Dios

Memoria de San Bernardo

Bernardo, primer abad de Clairvaux (Claraval) y doctor de la Iglesia, nació el año 1090 en el seno de una familia noble de Borgoña. Inflamado por el Espíritu y enardecedor de almas desde su juventud, entró a los 20 años en el monasterio de Cíteaux, conquistando para el ideal monástico a muchos jóvenes nobles.

Tras ser nombrando en 1115 abad de Claraval, convirtió muy pronto su monasterio en un cenáculo de vida espiritual y en un auditorio del Espíritu Santo. Fue llamado por príncipes, obispos y papas, refutó herejías, defendió los derechos de la Iglesia y al papa legítimo. Como doctor de la unión mística con el Verbo y cantor sublime de la Virgen María, es autor de numerosos tratados, cartas y sermones. Murió en 1 153, llorado en Claraval por más de 700 monjes y siendo padre de más de 160 monasterios.

Empezamos la oración de la mañana: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Lee y medita la Palabra de Dios. Si es necesario, léala de nuevo usando tu propia Biblia:

Evangelio según San Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?”

Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”.

Oración: dedica unos minutos a tener un diálogo espontáneo con Cristo de corazón a Corazón; intercede por tu familia…

Hoy amaré a Dios a través de amar a los demás.

Padre del Cielo, tu amor misericordioso derramado en tu amado Hijo me ayude a vivir mi cristianismo, no solo de palabras sino amando a mi prójimo tal y como es. Solamente con la ayuda de tu Gracia podre amarte de verdad mi Dios, mi Señor, mi Salvador.

Señor Jesús, aumenta mi fe en ti, enséñame a amar hoy un poco más, a darme un poco más a los demás, y así contribuir en la edificación de tu Reino en mi vida. Amén

Contempla la Palabra de Dios (en silencio, deja actuar en ti al Espíritu de Dios). Actúa y conserva la Palabra en tu vida hoy. 

Repite a menudo durante el día con san Bernardo: «La medida del amor es amar sin medida».

Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh, buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del maligno enemigo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti. Para que con tus santos te alabe. Por los siglos de los siglos. Amén

Para las lecturas del día, por favor vaya aquí.

Lectura Espiritual

En su primera encíclica, el papa Benedicto XVI nos decía que Dios es amor. El Santo Padre nos quiso recordar que Dios nuestro Señor nos amó y nos ama hasta el extremo. Y nosotros, los cristianos nos hemos de convertir en los propagadores de esta verdad, debemos ser los brazos de Cristo, la boca de Cristo, el corazón de Cristo.

Nuestra simple presencia debe ser un espejo de la bondad de Cristo. Recordemos que no hay auténtica vida cristiana si no está animada por la caridad. El amor es lo que nos hará poner a Dios en el primer lugar durante cada jornada. Si le amamos, buscaremos agradarle y cumplir con su voluntad.

El amor nos ayuda también a ser auténticos, es decir, a nunca considerarnos cristianos si nos permitimos la crítica o la desunión con los demás. Quien realmente ama a Dios, no puede separar este amor de la caridad al prójimo.

La santidad sin caridad no existe. Dios espera también que le mostremos nuestro amor con pequeñas expresiones de delicadeza todos los días.

Tengamos la certeza de que un momento dedicado a la oración, una confesión bien hecha, un acto de paciencia y de bondad con nuestros semejantes, un trato respetuoso con los que no nos agradan, un acto de servicio o desprendimiento…, todo tiene un valor inmenso a los ojos de Dios y contribuye a nuestra salvación y a la de los demás.

Seamos portadores de la caridad. ¿Qué cosa es evangelizar? ¡Es contagiar al mundo de la bondad y del amor de Dios!

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