Martes de la XIX Semana del Tiempo Ordinario

Unos minutos con Dios.

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, patrona de Europa

Edith Stein nació en 1891, en Breslau (Alemania), de familia judía. Huérfana de padre, acudía a la sinagoga con su madre. A los 21 años, Edith se confiesa atea. Estudia filosofía en Breslau. En 1913, atraída por la fenomenología de Husserl, decide cambiar de universidad. En 1914, comienza su tesis doctoral pero la interrumpe para colaborar como enfermera de la Cruz Roja en la primera contienda mundial. Trabaja como asistente de Husserl. En 1917, la muerte de un gran amigo, Adolfo Reinach, cambia su vida. En la viuda de su amigo descubre una profunda paz y esperanza, fruto de su conversión al cristianismo. En 1918 tiene una experiencia mística del Dios de Jesucristo. Al terminar una noche la lectura del Libro de la vida de santa Teresa de Jesús, dice: «¡Esto es la verdad!» En 1933 entra en el Carmelo de Colonia. Ante la persecución nazi contra los judíos, marcha al Carmelo de Echt en Holanda. El 2 de mayo de 1942 va la Gestapo a buscar a Edith. Dos días después es trasladada a Polonia, con su hermana Rosa, también convertida al catolicismo. La Cruz Roja holandesa publica una nota: «Edith Stein, nacida en Breslau, fue asesinada el 9 de agosto de 1942 en Auschwitz, con gas». Fue canonizada como mártir en 1998. En ­octubre de 1999, fue declarada patrona de Europa junto con santa Brígida y santa Catalina

Empezamos la oración de la mañana en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Lee y medita la Palabra de Dios, si es necesario léala de nuevo, usando tu propia Biblia:

Evangelio según San Mateo 18, 1-5. 10. 12-14
En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?”

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: “Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo.

¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños’’.

Oración, dedica unos minutos a tener un diálogo espontáneo con Cristo, de corazón a Corazón, intercede por tu familia……..

Oh Dios, Padre, gracias por habernos revelado lo más profundo de tu ser, por habernos dicho que en ti no hay sólo potencia, soberanía, ciencia y majestad, sino también inocencia, infancia y ternura infinitas. Sí, porque eres Padre, infinitamente Padre.

Nosotros no lo sabíamos antes, no podíamos-saberlo; ha sido necesario que nos enviases a tu Hijo para que lo descubriéramos. Él se hizo nińo y así pudo decirnos que nos hiciéramos como nińos para formar parte de tu Reino.

Él, que era Dios, con una grandeza infinita, se hizo tan pequeńo, tan humilde ante nosotros que sólo los ojos de la fe y los ojos de los sencillos lo pueden reconocer.

Vino como nińo para hacer desaparecer todos nuestros miedos y poner dentro de nosotros tanto amor y confianza que pudiéramos abandonarnos felices como nińos en tus manos. Amén (SCDE)

Contempla la Palabra de Dios (en silencio deja actuar en ti al Espíritu de Dios). Actúa y conserva la Palabra en tu vida hoy.

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?» Amén

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén

 

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