Martes de la X Semana del Tiempo Ordinario

Unos minutos con Dios.

Empezamos la oración de la mañana en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Lee y medita la Palabra de Dios, si es necesario léala de nuevo, usando tu propia Biblia:

Evangelio según San Mateo 5, 13-16
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos’’.

Oración, dedica unos minutos a tener un diálogo espontáneo con Cristo, de corazón a Corazón, intercede por tu familia……..

Señor, hoy me invitas a ser sal y luz de la tierra, Quieres transfórmame y darme la capacidad de conocerte mejor y vivir de acuerdo a tu Palabra. Quieres que sea luz para aquellos que aun no te conocen y viven en la oscuridad. Señor, que se haga en mi, de acuerdo a tu voluntad. Amén

Contempla la Palabra de Dios (en silencio deja actuar en ti al Espíritu de Dios). Actúa y conserva la Palabra en tu vida hoy.

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Ustedes son la luz del mundo.» Amén

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

Para las lecturas del día, por favor vaya aquí.

Para la Lectura Espiritual

Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo

El Señor dijo a sus apóstoles: Vosotros sois la luz del mundo. ¡Qué justas son las comparaciones que el Señor emplea para describir a nuestros padres en la fe! Llama sal a los que nos enseñan la sabiduría de Dios, y luz a quienes liberan nuestros corazones de la ceguera y de las tinieblas de la incredulidad. Con razón, los apóstoles reciben el nombre de luz: anuncian en la oscuridad del mundo la claridad del cielo y el esplendor de la eternidad.

¿Acaso Pedro no se convirtió en luz para el mundo entero y para todos los fieles, cuando le dijo al Señor: Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo? ¿Qué mayor claridad habría podido recibir el género humano que saber por Pedro que el Hijo de Dios vivo era el creador de esta luz? Y san Pablo no es una luz menor para el mundo: mientras el mundo entero estaba cegado por las tinieblas del mal, ascendió al cielo y, a su regreso, reveló los misterios del esplendor eterno. Por eso no pudo ocultarse la ciudad fundada sobre una montaña, porque Cristo, por la luz de su majestad, lo había encendido como una lámpara de elección, repleta del aceite del Espíritu Santo.

San Máximo de Turín

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