Jueves de la XVII semana del Tiempo ordinario

Unos minutos con Dios.

Empezamos la oración de la mañana en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Lee y medita la Palabra de Dios, si es necesario léala de nuevo, usando tu propia Biblia:

Evangelio según San Mateo 13, 47-53
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los cielos se parece también a la red que los
pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la
sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los
malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los
buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.
¿Han entendido todo esto?’’ Ellos le contestaron: “Sí”. Entonces él les dijo: “Por eso, todo escriba
instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de
su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”.
Y cuando acabó de decir estas parábolas, Jesús se marchó de allí.

Oración, dedica unos minutos a tener un diálogo espontáneo con Cristo, de corazón a Corazón,
intercede por tu familia ……

” Señor Jesús, damos gracias por tu continua presencia en nuestras vidas. Guía nuestros pasos para crecer en la virtud humana y cristiana del discernimiento. Y de esa manera saber quedarnos con lo bueno de las cosas antiguas y las cosas nuevas.

Protégenos siempre para no usar sencillamente el criterio mundano de elección –que se limita a escoger lo nuevo por encima de lo antiguo. Sino que envía al Espíritu Santo para que haga morada en nuestros corazones y nos permita la sabiduría y el entendimiento para distinguir bien lo bueno de lo malo.

Ayúdanos a escoger correctamente como el buen pescador, y ir un paso más allá al separar lo bueno de lo malo para prevenir el contagio. Padre, tu nunca te equivocas y permites todo para nuestro bien. Gracias por recordarme que debo permanecer siempre unido a ti y con una actitud de vigilancia. Amén

Contempla la Palabra de Dios (en silencio deja actuar en ti al Espíritu de Dios). Actúa y conserva la Palabra en tu vida hoy.

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Abre, Señor, nuestros corazones, para que aceptemos las palabras de tu Hijo.» (Hechos 16,14)

Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer.

 Vos me disteis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es Vuestro: disponed de ello según Vuestra Voluntad.

Dadme Vuestro Amor y Gracia, que éstas me bastan. Amén.

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