Fiesta de Santa María Magdalena

Unos minutos con Dios

Empezamos la oración de la mañana en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Lee y medita la Palabra de Dios, si es necesario léala de nuevo, usando tu propia Biblia:

Evangelio de San Juan 20 1-9, 11-18

El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.

María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: “¿Por qué estás llorando, mujer?” Ella les contestó: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto”.

Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: “Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?” Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: “Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto”. Jesús le dijo: “¡María!” Ella se volvió y exclamó: “¡Rabbuní!”, que en hebreo significa ‘maestro’. Jesús le dijo: “Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios’”.

María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.

 Oración, dedica unos minutos a tener un dialogo espontaneo con Cristo, de corazón a Corazón, intercede por tu familia…

Señor Jesús, te doy gracias porque permites, como lo hiciste con María Magdalena, que yo pueda tener un encuentro personal contigo en lo más profundo de mi corazón. Gracias Señor porque en cada encuentro contigo en el silencio de mi oración transformas mi vida con tu amor y aumentas mi fe.  Permite Jesús amado que pueda ser siempre fiel a ti y que pueda dar a otros en todo momento, testimonio de tu incomprensible amor por nosotros. Todo para tu gloria y alabanza.  Amén.

Contempla la Palabra de Dios (en silencio deja actuar en ti al Espíritu de Dios). Actúa y conserva la Palabra en tu vida hoy.

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:  «Señor, mi alma tiene sed de ti.» (Salmo 62)

Para las lecturas del día, por favor vaya aquí.

Lectura Espiritual

María Magdalena es un personaje muy especial en los evangelios, puesto que es claramente identificada como una pecadora. San Lucas precisa que de ella “habían salido siete demonios” (Lc 8,2). Lo cierto es que ese encuentro primero con Jesús cambió de forma radical su vida. Experimentó la debilidad del pecado y la fortaleza de la misericordia de Nuestro Señor.  La Magdalena siguió hasta el Calvario a Cristo, Estuvo presente en la crucifixión, en la muerte y en la sepultura de Jesús. Junto con la Madre Santísima y el discípulo amado recogió su último suspiro y ahí, al pie de la Cruz comprendió que sus pecados estaban siendo perdonados con cada gota de sangre derramada en el madero, que su salvación estaba en aquella muerte, en aquel sacrificio.

Ella fue quien descubrió, la mañana del primer día después del sábado, el sepulcro vacío, junto al cual permaneció llorando hasta que se le apareció Jesús resucitado (cf. Jn 20, 11). Y el Resucitado, como nos narra el evangelio de hoy, quiso mostrar su cuerpo glorioso ante todo a ella, que había llorado intensamente por su muerte. A ella quiso confiarle «el primer anuncio de la alegría pascual» para recordarnos que precisamente a quien contempla con fe y amor el misterio de la pasión y muerte del Señor, se le revela la gloria de su resurrección. (H. Joaquín Sáenz, Catholic.net)

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