Fiesta de la Transfiguración del Señor

Unos minutos con Dios.

Transfiguración del Señor

Hoy, Jesucristo, el unigénito y amado del eterno Padre, manifiesta su gloria ante los apóstoles Pedro, Santiago y Juan, con el testimonio de la Ley y los profetas. Así ­muestra la transformación por la gracia de la ­humildad de nuestra naturaleza, asumida por él, y nos da a conocer la imagen de Dios, conforme a la cual fue creado el hombre y que, herida en Adán, ha sido renovada en Cristo.

Empezamos la oración de la mañana en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Lee y medita la Palabra de Dios, si es necesario léala de nuevo, usando tu propia Biblia:

Evangelio según San Marcos 9, 2-10
En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados.

Se formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo amado; escúchenlo”.

En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús, que estaba solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí qué querría decir eso de “resucitar de entre los muertos”.

Oración, dedica unos minutos a tener un diálogo espontáneo con Cristo, de corazón a Corazón, intercede por tu familia……..

Jesús, tú eres Dios de Dios, luz de luz. Nosotros lo creemos, pero nuestros ojos son incapaces de reconocer tu belleza en las humildes apariencias de que te revistes.

Purifica, oh Seńor, nuestros corazones, porque sólo a los limpios de corazón has prometido la visión de Dios.

Concédenos la pobreza interior que nos hace atentos a su Presencia en la vida diaria, capaces de percibir un rayo de tu luz hasta en los lugares donde todo aparece oscuro e incomprensible. Haznos silenciosos y orantes, porque tú eres la Palabra salida del silencio que el Padre nos pide que escuchemos. Ayúdanos a ser tus verdaderos discípulos, dispuestos a perder la vida cada día por ti, por el Evangelio; haz crecer tu amor en nosotros para ser contigo siervos de los hermanos y ver en cada hombre la luz de tu rostro. Amén (SCE)

Contempla la Palabra de Dios (en silencio deja actuar en ti al Espíritu de Dios). Actúa y conserva la Palabra en tu vida hoy.

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «“Éste es mi Hijo amado; escúchenlo»» Amén

Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita. Amén

Lectura Espiritual

Moisés y Elías…hablaban de su muerte

En el monte donde Jesús se transfiguró, Moisés y Elías hablaban entre ellos de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén, es decir, del misterio de su encarnación y de su pasión salvadora, que se iba a realizar sobre la cruz. Esta presencia de Moisés y Elías y su conversación tenía por finalidad mostrar que la ley y los profetas formaban la escolta de nuestro Señor Jesucristo, el Señor que ellos habían mostrado.

Es normal que el bienaventurado Pedro, creyendo que el acontecimiento del reino de Dios había llegado, deseara permanecer en el monte cuando dijo que era necesario hacer tres tiendas, sin saber lo que decía. Porque no ha llegado el tiempo del fin del mundo, no es ahora cuando los santos gozarán de la esperanza que les ha sido prometida. San Pablo afirma: Él transformará nuestra condición humilde según el modelo de su condición gloriosa. Puesto que el plan de salvación no estaba todavía acabado, sino tan solo en su comienzo, no era posible que Cristo, venido al mundo por amor, renunciara a querer sufrir por él. Porque tomó la naturaleza humana para sufrir la muerte en su carne y destruirla con su resurrección de entre los muertos.

San Cirilo de Alejandría

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