Fiesta de la Exaltación de la santa Cruz

Unos minutos con Dios

Fiesta de la santa Cruz

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Empezamos la oración de la mañana en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Lee y medita la Palabra de Dios, si es necesario léala de nuevo, usando tu propia Biblia:

Evangelio de San Juan 3, 13-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: “Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él’’.

 Oración, dedica unos minutos a tener un dialogo espontaneo con Cristo, de corazón a Corazón, intercede por tu familia…

Jesús, tu cumpliste la voluntad del Padre muriendo en la cruz por nuestra salvación.  Bendito y alabado seas por siempre Señor. Te pido en este día en que celebramos la Exaltación de la Santa Cruz que me ayudes a cargar mi cruz con la misma aceptación y entrega con la que tu tan amorosamente cargaste la tuya.   Amén

Contempla la Palabra de Dios (en silencio deja actuar en ti al Espíritu de Dios). Actúa y conserva la Palabra en tu vida hoy.

 Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «No olvidemos las hazañas del Señor.» (Salmo 77)

Para las lecturas del día, por favor vaya aquí.

Lectura Espiritual

Dios se ha mostrado verdaderamente, se ha hecho accesible, ha amado tanto al mundo que -nos ha dado a su hijo Unigénito, para que quien cree en Él no se pierda sino que tenga vida eterna-, y en el supremo acto de amor de la cruz, sumergiéndose en el abismo de la muerte, la ha vencido, ha resucitado y nos ha abierto también a nosotros las puertas de la eternidad. Cristo nos sostiene a través de la noche de la muerte que Él mismo ha atravesado; es el buen Pastor, bajo cuya guía nos podemos confiar sin temor, ya que Él conoce bien el camino, ha atravesado también la oscuridad. (…) Se nos invita, una vez más, a renovar con valor y con fuerza nuestra fe en la vida eterna; es más, a vivir con esta gran esperanza y a dar testimonio de ella al mundo: después del presente no está la nada. Y precisamente, la fe en la vida eterna da al cristiano el valor para amar aún más intensamente esta tierra nuestra y trabajar para construirle un futuro, para darle una esperanza verdadera y segura. (Benedicto XVI, 2 de noviembre de 2011)

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